Era el diecisiete de diciembre del 2009, no recuerdo si hacía frío, no recuerdo la luz que había en ese preciso momento, no recuerdo la gente que había a nuestro alrededor...sólo recuerdo tus labios tocándome por primera vez mientras me abrazabas. Recuerdo tu dulce olor que siempre me ha gustado, tus ojos verdes iluminados por la luz convirtiéndose en lo más bonito que he visto nunca. No se si eran mariposas lo que había en mi estómago pero nunca había sentido algo así, nunca me había sentido tan feliz.
Llegó un nuevo año y tú me acompañaste en el camino haciendo que todo fuera más sencillo. El día que cumplí quince años me regalaste un collar que todavía sigue siendo mi bien más preciado. Era precioso, de plata, como a mí me gusta, tenía forma de corazón y mi nombre grabado, atrás estaba la fecha de nuestro primer beso y un te quiero. Cuando me lo colgaste al cuello me hiciste llorar de felicidad, pero ahí todavía era fuerte y casi ni lo notaste. Me regalaste una rosa y yo siempre había querido que me regalasen rosas, nos sentamos en un banco en frente de la universidad, estaba atardeciendo, hacía un tiempo perfecto y yo no podía parar de sonreír. Fue el mejor día de todos los días que estuviste junto a mí.
Pasaron las estaciones, tú me querías para ti y yo me apartaba de gente que me quería. Eramos muy pequeños y hay cosas que no conocíamos. Te convertiste en mi confidente, sabías todo de mí y yo todo de tí. Cuando estás saliendo con tu mejor amigo te sientes afortunada.
Pasó el año y yo tenía miedo de que quisieras estar con otras, los problemas empezaron y yo sentía celos. Nos peleábamos y yo lloraba sentada en la acera sin poder levantarme. Un día dijiste que no querías más y mi mayor miedo se cumplió pero todavía no era el final.
Me fui a Francia y solo podía pensar en ti. Volvimos al instituto y tú volviste a mi lado, pero está vez era diferente, yo sentía miedo, no felicidad. Cuando te abrazaba no quería soltarte porque no quería que te fueras de mi lado, no otra vez. Un día me dí cuenta de que las lágrimas caían de mis ojos con demasiada frecuencia. No quería dejarle ir...
El cuatro de abril del 2013 me dispuse a decirte adiós...el problema era que ya no era la chica fuerte de antes, te lo dije con la voz temblorosa, llorando y con un te quiero al final. No daré detalles de que pasó después pero en los siguientes meses me sentí como si estuviera en un pozo sin fondo del cual no podía salir, me costaba respirar y ese dolor en el pecho me acompañaba a todas partes. La persona en la que confiaba plenamente me hizo sentirme como si no valiera nada y yo lo permití.
Ya no hablo contigo, no sé nada de ti. Hay días que no apareces por mi mente pero son escasos y entre todos los pedazos esparcidos sigo guardando ese día en que tus ojos me miraban con cara de enamorado, siempre estarás ahí.
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