jueves, 8 de octubre de 2015




Es fascinante la perspectiva en la cual vemos el día a día. Todos los días me monto en el metro y veo a ciudadanos medio dormidos por haber madrugado con caras largas y tristes. Entonces es cuando te empiezas a cuestionar si tu también haces esos mismos pasos metódicos cuando sales de tu casa.
Un día TE DESPIERTAS, en todos los sentidos, abres los ojos y notas cada esquina de tu hogar como si te quisiera decir algo, subes al autobús, sonríes al autobusero, te mira extraño y tú sigues sonriendo. Subes las escaleras y te colocas mirando abajo, eres el único y te gusta lo que ves. Seguidamente te subes al metro y en vez de sentarte y cabecear ves imágenes congeladas de la única persona en el vagón leyendo un libro, de la madre que lleva a su hijo al colegio, del joven que se sienta en una esquina como si no le importara nada. 
Y así los días pasan hasta que e vez de mirar al suelo, miras al cielo y te encuentras con esto:


                              Porque lo más importante del día  a día es la PRESPECTIVA

domingo, 9 de febrero de 2014

Era el diecisiete de diciembre del 2009, no recuerdo si hacía frío, no recuerdo la luz que había en ese preciso momento, no recuerdo la gente que había a nuestro alrededor...sólo recuerdo tus labios tocándome por primera vez mientras me abrazabas. Recuerdo tu dulce olor que siempre me ha gustado, tus ojos verdes iluminados por la luz convirtiéndose en lo más bonito que he visto nunca. No se si eran mariposas lo que había en mi estómago pero nunca había sentido algo así, nunca me había sentido tan feliz.

Llegó un nuevo año y tú me acompañaste en el camino haciendo que todo fuera más sencillo. El día que cumplí quince años me regalaste un collar que todavía sigue siendo mi bien más preciado. Era precioso, de plata, como a mí me gusta, tenía forma de corazón y mi nombre grabado, atrás estaba la fecha de nuestro primer beso y un te quiero. Cuando me lo colgaste al cuello me hiciste llorar de felicidad, pero ahí todavía era fuerte y casi ni lo notaste. Me regalaste una rosa y yo siempre había querido que me regalasen rosas, nos sentamos en un banco en frente de la universidad, estaba atardeciendo, hacía un tiempo perfecto y yo no podía parar de sonreír. Fue el mejor día de todos los días que estuviste junto a mí.

Pasaron las estaciones, tú me querías para ti y yo me apartaba de gente que me quería. Eramos muy pequeños y hay cosas que no conocíamos. Te convertiste en mi confidente, sabías todo de mí y yo todo de tí. Cuando estás saliendo con tu mejor amigo te sientes afortunada.

Pasó el año y yo tenía miedo de que quisieras estar con otras, los problemas empezaron y yo sentía celos. Nos peleábamos y yo lloraba sentada en la acera sin poder levantarme. Un día dijiste que no querías más y mi mayor miedo se cumplió pero todavía no era el final.

Me fui a Francia y solo podía pensar en ti. Volvimos al instituto y tú volviste a mi lado, pero está vez era diferente, yo sentía miedo, no felicidad. Cuando te abrazaba no quería soltarte porque no quería que te fueras de mi lado, no otra vez. Un día me dí cuenta de que las lágrimas caían de mis ojos con demasiada frecuencia. No quería dejarle ir...

El cuatro de abril del 2013 me dispuse a decirte adiós...el problema era que ya no era la chica fuerte de antes, te lo dije con la voz temblorosa, llorando y con un te quiero al final. No daré detalles de que pasó después pero en los siguientes meses me sentí como si estuviera en un pozo sin fondo del cual no podía salir, me costaba respirar y ese dolor en el pecho me acompañaba a todas partes. La persona en la que confiaba plenamente me hizo sentirme como si no valiera nada y yo lo permití.

Ya no hablo contigo, no sé nada de ti. Hay días que no apareces por mi mente pero son escasos y entre todos los pedazos esparcidos sigo guardando ese día en que tus ojos me miraban con cara de enamorado, siempre estarás ahí.

lunes, 28 de octubre de 2013

Cómo pólvora mojada.

Cuando eres pequeño todo te hace sonreír  Por ejemplo,al ver una mariposa te fijas en los colores que tiene, en lo pequeña que es y como revolotea por todos lados sin saber donde ir. Nada te preocupa y si algo lo hace siempre hay alguien a tu lado que te hará esbozar una gran sonrisa y olvidarte de por qué se te ha roto el juguete. Si te enfadas, no importa, porque tus sentimientos tiene un promedio de veinte segundos de duración, simplemente desaparecen para que vuelvas a la carga.

A medida que vas creciendo, bueno la cosa se complica, aparece lo que más tememos, el miedo. Esto puedes sentirlo por una gran cantidad de aspectos pero normalmente es por no conseguir algo o por perder a alguien. Las cosas no son tan bonitas y siempre habrá alguien más mayor que te lo recuerde. "Sentir miedo es normal" te dicen, pero ¿qué haces cuando el miedo se convierte en algo del día a día? Ese momento es cuando te sientes perdido, te preguntas porque a las personas que caminan a tu alrededor les cuesta tan poco respirar mientras tu buscas el oxígeno en cualquier cosa a la que puedas agarrarte. Ese sentimiento te invade y haces las cosas mal, te equivoca, te asustas más hasta terminar en un bucle que parece no tener fin.
Te preguntas donde quedaron tus ganas de comerte el mundo, de sentirte satisfecho solo porque por la rendija de tu persiana todos los días te saluda el sol. Eres como pólvora mojada de la cual nadie va a poder hacer que vuelva a su estado normal.

La vida continua y supongo que siempre queda la esperanza que todavía no es el final y que tal vez, esa sensación que aparece cuando miras las nubes moviéndose a través de la ventana del avión volverá a aparecer.